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¿Una reforma para el Deportivo Cali?

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Durante la pasada asamblea de asociados, se aprobó iniciar el proceso de cambio de estatutos a través de un estudio que permita la búsqueda de nuevos inversionistas privados. En un contexto de crisis económica severa, surge esta iniciativa como posible solución estratégica de largo alcance. Suena contradictorio proponer una venta parcial o total mediante acciones, justo cuando nuestro club presenta sus peores cifras financieras de la década, y cuando el equipo profesional sufre una sequía de más de un lustro, ¿Quién compra un barco que se está hundiendo?, ¿con qué finalidad y a qué precio?

Como primer punto hay que señalar que puede ser un mal momento para buscar grandes socios inversores. Mala hora que le debemos a una gestión que prometió lo mucho y cumplió lo poco, a una cadena desafortunada de terribles decisiones que empezó con una campaña galvanizadora y terminó en lo que todos sabemos; un club al borde de la quiebra, un presidente saltando –trotando– a la Federación, y una hinchada y un cuerpo asociado en absoluta apatía con la institución y su escuadra. Un hat-trick ejecutivo, pero a la inversa. El barco que se hunde y los capitanes que pretenden venderlo una vez nos ahoguemos. Curiosa maña de dañar las cosas y después fingir heroísmo buscándoles arreglo.

Otra cosa será analizar a fondo si un gran inversionista traerá la solución económica definitiva para el verde del Valle. Habrá que mirar casos exitosos y no exitosos cercanos, y bascular seriamente los cambios en materia futbolística que esto podría traernos. No podemos, después de décadas de decencia y buenas maneras, sucumbir ante la tentación de grupos privados de los que desconozcamos el origen de sus fondos o las actividades económicas que desempeñan. Hemos labrado un camino diferente al de nuestros rivales y ese legado de juego limpio debemos entregarlo a nuestros hijos como lo hemos recibido de nuestros padres y abuelos.

Excluidas de esta iniciativa quedan, aparentemente, el futbol y la asociación, acaso las verdaderas sustancias del Deportivo Cali. Queda por fuera un cambio estatutario que obligue a los dirigentes a actuar de acuerdo a una cosmovisión determinada por nuestra manera de entender, vivir y jugar al fútbol. Esfuerzo ya olvidado por romper con los empresarios de turno y volver a nuestra cantera, nuestro estilo, y nuestra filosofía, mucho de inversión, poco de pelota. Normas que se adapten a nuestras formas y que limiten el amiguismo y las comisiones en nombre del balón y su buen trato.

Quedan por fuera también las urgentes reformas que necesita nuestro tejido social. La necesidad de ampliar y modificar las tipologías de los asociados, sus formas de vinculación, su relación con el club, su fidelización. Necesitamos transformar a los hinchas en socios, modernizar sus tipos de inclusión; socios de futbol y/o de sedes, por tribunas, por partidos, por lugar de residencia, por ciudades y por países. En la medida que ampliemos nuestra base societaria, mas difíciles serán las cartelizaciones y amaños en época electoral, más complicadas serán las campañas sucias y el vetusto nepotismo caleño que desde la muerte de Don Humberto se ha venido encostrando, y mucha más profundo será nuestro modelo democrático.

Es momento de que enfoquemos nuestra discusión reformista e institucional sobre las cosas que realmente nos pueden hacer cambiar en el mediano y largo plazo. La plata se necesita, el fútbol y su hinchada se necesitan mucho más.

Escrito en el piedemonte de los Farallones
Gustavo Caicedo Hinojos

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