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Más que fútbol por Ana Caicedo y Gustavo Caicedo

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El pasado jueves se celebró la Asamblea Ordinaria de Asociados al Deportivo Cali. Luego de más de dos años de pandemia, se esperaba una deliberación apasionada y tendida, a propósito de la grave crisis financiera que padece el club desde el año 2018, y como tal, la reunión no defraudó. Liberados del yugo de una participación controlada por cronómetro en las pasadas asambleas virtuales, varios de los casi 300 asistentes manifestaron su preocupación por el actual contexto institucional y deportivo del club. 

Un apresurado cambio del orden del día permitió acelerar la deliberación sobre la actualidad económica y sobre los avances en la búsqueda de soluciones a esta peligrosa enfermedad, encomienda manifiesta del máximo orden asociado, que en pasadas asambleas transfirió sin más demoras al Comité Ejecutivo para su exploración y estricto seguimiento. Se ha fijado como última misión la repesca de un gran inversionista para el Cali, mano salvadora de un mercado que aún no aparece, pero en el que creemos yace la única solución a nuestros males. 

¿Habrá quién nos compre?, ¿qué nos comprarán?, ¿cuánto valemos?, ¿habrá quién nos venda? Preguntas todas todavía a tiempo para ser resueltas, mientras seguimos en la delicada pericia de salvar a este club dueño de nuestras alegrías y lamentos. La tarea se presenta larga y el enfermo no da espera. En su labor, los delegados por el Comité ya han advertido que para poder encontrar un comprador primero debemos ponernos un precio, sus críticos también han avisado que no habrá precio digno mientras mantengamos el déficit en los niveles actuales. 

Se dice que algunos querrán un equipo como el nuestro, pero muy pocos lo querrán con sus cargas, que nuestras sedes y nosotros mismos somos demasiado peso para un asociado mayoritario, que el dinero solo busca la pelota, no los ladrillos. Y lo dicen así, sin bajar la mirada, como si este club centenario fuera solo eso, fútbol, como si las paredes que rodeaban a la asamblea el jueves pasado no pudieran ser testigos de una salida más digna y honrosa para el Deportivo Cali. 

Nadie ha mirado hacia otras soluciones, el camino parece oscuro y maltrecho. ¿Vender es la única salida?, quizás sí, quizás no. Nuestra asociación ha lidiado con varias quiebras en su historia, ha superado décadas de amaños mafiosos y violentos, ha sobrevivido a administraciones ignominiosas y a la enfermedad y muerte de sus más grandes dirigentes. Hemos dado vueltas olímpicas y lo hemos perdido todo y sin embargo aquí seguimos como el único club democrático del país, con la mejor cantera, con sedes, con estadio. No es una carga, es nuestra identidad, es nuestro club, el único por estas tierras. 

Quizás la solución no esté en un gran comprador, sino en muchos, miles tal vez. Es probable que este no sea el momento de esperar milagros externos sino de mirarnos a nosotros mismos como asociación, de buscar más dolientes como nosotros, de convocar una cura que nos involucre a todos, a nosotros los hinchas, a nosotros los asociados. Quizás este no sea el momento de liquidar el proyecto asociativo, sino todo lo contrario, de volver a nuestras formas, nuestros valores, y nuestra historia.   

Escrito a dos manos y entre dos continentes

Ana Caicedo Hinojos

Gustavo Caicedo Hinojos

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