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Una visión de Región

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Entre los cañaduzales del Valle se alza este gigante, otrora simple deseo, para confirmar lo que los hinchas verdiblancos ya sospechábamos; el Cali no es solo una institución deportiva, sino un modelo de gestión que logra hacer compatibles la formación democrática con una visión institucional a largo plazo. Así, su Cantera – proyecto de formación deportiva –, su Democracia – proyecto de formación social –, y sus Sedes – proyecto de formación económica–, obligan a los dirigentes y asociados a pensar la institución hacia adelante. No es para nada coincidencia el hecho de que el primer club – organizado como asociación – de fútbol de Colombia, resulte siendo el mismo que logra hacerse con cancha propia.

Desde el inicio de su construcción, el Estadio Deportivo Cali – prefiero su apodo; Palmaseca – ha conocido todo tipo de obstáculos y retos, algunos serios, otros imaginario o atados al escepticismo propio de nuestra tierra, siempre fértil para la caña, siempre inocua para los sueños. Había razón para dudar, construido en un país desorganizado y pobre, su mera realización parecía improbable aún entre la misma parcialidad azucarera.

Durante décadas, y sobre todo después de la desaparición de don Humberto – artífice y precursor de esta maravilla arquitectónica –, nuestro estadio se proyectó como una expresión de deseo, como una tierra prometida. Líos los hubo de todo tipo, la empresa encargada de su construcción quebró, y durante mucho tiempo, los directivos de turno no estuvieron a la altura del empeño de expresidente Arias.

Los hubo también logísticos, toda vez que, y pese al significado de su sola presencia, el club fue dejado a su suerte por parte de las autoridades públicas para el desarrollo de accesos, señalización, y control. Además, en años recientes, ha sido severamente castigado con reducciones en el aforo, cierres de tribunas, y otras amenazas de cierre por parte de líderes políticos que – plato típico – ven con mucho recelo como una institución privada se ha atrevido a hacer un monumento de proporciones estatales.

Finalmente los hay también publicitarios. Aun cuando otros estadios presentan peores gramados, iluminación, o condiciones básicas, abundan las críticas desde un importante sector del periodismo, sobretodo local. Un escenario que debería ser motivo de orgullo, por su carácter único en todo el territorio nacional, ha terminado siendo un foco de críticas. Quizás no fue en la Mancha sino en el Valle donde se sugirió el apócrifo: “ladran, Sancho, señal que cabalgamos”.

Hoy, a una década y horas de haber sido inaugurado para un partido oficial del verde, es conveniente recordar que nuestro templo fue construido sin la necesidad de carteles ni oligopolios, sin grandes señores ni grandes consorcios, que este bello escenario lo logramos nosotros mismos. Palmaseca es el resultado de una alquimia difícil de conseguir por estas latitudes, es el empeño y los sueños de dirigentes que lograron vencer la incredulidad, es el éxito de una cantera cuyas victorias nos acercaron a terminarlo, es la potencia de una democracia asociada y propietaria que muestra con orgullo su máximo logro.

Es pues, nuestra casa.

Gustavo Caicedo Hinojos, especial para Semáforo Deportivo

Escrito en el piedemonte de los Farallones 

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